El futuro incierto de un joven venezolano en Perú

 El futuro incierto de un joven venezolano en Perú

Por María L. Rodríguez.- Jesús (31 años) un joven venezolano, quien emigro hace casi dos años y medio a la Capital Peruana, en búsqueda de mejores oportunidades para ayudar a su familia, continúa sorteando su futuro, apelando a la buena voluntad en las calles de Lima.

Partió de un pequeño pueblo del Estado Táchira, al suroeste de Venezuela. Donde se desempeño durante algunos años como profesional de la docencia, que aunque le brindaba satisfacción personal con el ínfimo salario que devengaba no podía cubrir ni el pasaje para trasladarse a su labor diaria en un colegio local.

Durante algún tiempo alterno su trabajo, con la venta de frutas, verduras y algunos víveres “por encargo” en Cúcuta Colombia, pero era un trajín muy agotador. Una amiga de la adolescencia le planteo la idea de irse a Perú, la cual acepto sin pensarlo dos veces. Partiendo en marzo de 2018, con un poco mas de 200 mil pesos colombianos.

En un viaje de 7 días, “estuvimos varados por un par de días en la frontera entre Colombia  y Ecuador ya que esta se encontraba cerrada por una consulta electoral del país neogranadino” expresa.

Jesús Viajo como conciudadano colombiano con el pase andino que le otorgaron a la salida de Colombia, ya que posee doble nacionalidad y en Venezuela le fue imposible tramitar su pasaporte, documento esencial para ingresar a estos países con una visa humanitaria.

Al llegar a Lima se concentra en la búsqueda de empleo, y el primero en el que se desenvuelve es en del “jalador” o promotor de una papelería cerca de una importante universidad de Lima, “debía convencer a las personas que entraran a imprimir y sacar copias (…)”

Los primeros meses fueron muy difíciles, despegarte de tus seres queridos, estar en un lugar donde eres ajeno, desconocer sus costumbres, su cultura es un choque emocional muy fuerte…

Ya conociendo un poco más el lugar, encuentra trabajo en un restaurant como ayudante de cocina, “me iba bien, ahí tenia las tres comidas, y lo que ganaba me alcanzaba para mis gastos, el alquiler y enviar a Venezuela”; con los ahorros  logro tramitar el Permiso Temporal de Permanencia que tiene vigencia de un año, y posteriormente el Carnet de Extranjería con el que podrá tener un estatus legal durante 4 años más, en todo el territorio peruano.

A poco más de un año se encontró con la realidad que se vive en las capitales latinoamericanas, la delincuencia: “iba por la calle, cuando dos tipos paran y se bajan de un taxi moto, uno saca una pistola y me encañona, me obligan a entregar el bolso y el celular. Entre las pertenencias estaba mi título de profesor es lo que más lamente perder” vivir esa experiencia le generó depresión y ansiedad durante un tiempo, no quise contarle nada a mi familia para no angustiarlos.

Después de ello decide conseguir un empleo más cercano a su residencia, se emplea como “mozo” mesonero de un restaurant chino, pero con la pandemia quedo desempleado, “han sido meses muy duros, los pocos ahorros ya los gaste, y a mi familia no he podido enviar nada”.

Ahora sobrevive como vendedor ambulante, vendiendo golosinas en las calles limeñas, apuesta a la solidaridad de los transeúntes para hacer lo del día a día, “en ocasiones me da pena hacerlo, no estoy acostumbrado a esto, hay personas de buen corazón que me ayudan aun sin comprar nada, solo espero que las cosas se acomoden progresivamente”. Entre sus planes no está volver a Venezuela, para él no tiene sentido hacerlo, “aquí me quedo sobreviviendo, ya Dios mediante algo mejor encontrare, lo importante es estar sano y que los míos en Venezuela también los estén”.

La Bola De Fuego

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