La Casa de Gobierno el edificio más siniestro de Stalin

 La Casa de Gobierno el edificio más siniestro de Stalin

El edificio de 505 apartamentos que planifica Boris Iofan a las orillas del Kremlin, sobre un pantano, para recibir a lo más granado de los camaradas que hicieron la Revolución Rusa en 1917.

En 1931, cuando estuvo listo y los escogidos a dedo comenzaron a mudarse, quedó establecido que era “el complejo residencial más grande de Europa”. La casa de gobierno, como se la llamó, era una curiosa “mescolanza de la geometría cuadrada del constructivismo y la creciente pomposidad del neoclasicismo”, escribe Yaffa. Era la residencia de los caudillos marxistas.

Yuri Slezkine entendió que ese edificio entrañaba de alguna manera la historia del devenir de la Revolución Rusa. “Por un lado sus residentes vivían como una nueva clase de nobleza, y por el otro sabían que en cualquier momento podían arrancarles las tripas”. ¿Cabe mayor felicidad para un régimen autoritario?: ser capaz de halagar y aterrorizar al mismo tiempo.

El problema es que a los comunistas no suelen salirles bien las profecías. De querer convertirse en el lugar burgués donde los camaradas más celebrados tenían residencia, pasó rápidamente a ser el lugar siniestro donde los revolucionarios iban a morir.

Lenin falleció en 1924 y Stalin hizo con la revolución lo que quiso. Nada bueno por cierto. Construyeron sí la fábrica de acero Magnitogorsk; la fábrica de tractores Kharkiv; y el Metro de Moscú, con candelabros y mármol que rememoraban los palacios de la monarquía.

Pero era necesario darle calor a la élite. Konstantin Melnikov planificó laboratorios de sueño, donde cientos de trabajadores dormían bajo el efecto de aromas y sonidos tranquilizadores.

Stalin hizo con la revolución lo que quiso, nada bueno por cierto / Foto: WC
Stalin hizo con la revolución lo que quiso, nada bueno por cierto / Foto: WC

Enemigos por todas partes

Al inaugurarse en 1931, La Casa de Gobierno tenía una cafetería para todos los residentes, un teatro para 1.300 espectadores, bibliotecas, salas para jugar al billar y hacer ensayos de orquestas sinfónicas, canchas de tenis y baloncesto, gimnasios, salas de ducha, banco, lavandería, telégrafo, oficina de correos, guardería, clínica, peluquería, supermercado, cine para 1.500 espectadores…

La utopía comunista esperaba que toda esta energía desatada en octubre de 1917 terminaría por cambiar la sociedad. Lejos de tomar el cielo por asalto, los camaradas que estaban en el poder comenzaron a desconfiar de todo el mundo.

Así lo escribe Slezkine. “Cuanto más intensa es la expectativa, más implacables son los enemigos; cuanto más implacables son los enemigos, mayor es la necesidad de cohesión interna; cuanto mayor es la necesidad de cohesión interna, más urgente es la búsqueda de chivos expiatorios”. Palabras que por cierto funcionan para diferentes realidades en tiempos diversos.

La Casa de Gobierno fue el vórtice de los arrestos, los interrogatorios, las desapariciones y la muerte

Stalin inició las purgas para limpiar la revolución de sangre infectada. Habían llegado los problemas, y alguien debía pagar. Escasez de alimentos, viviendas hacinadas, las hambrunas en los campos… ¿Dónde buscar a los culpables? “Entre aquellos que pusieron en marcha la profecía original”, escribe Slezkine.

La Casa de Gobierno fue el vórtice de los arrestos, los interrogatorios, las desapariciones y la muerte. La policía secreta rusa, con iniciales NKVD, esperaba de noche en las puertas del edificio o ingresaba en los apartamentos de manera súbita por los ductos de basura.

La gente comenzó a ver enemigos por todas partes. Los arrestos se extendieron a las niñeras, lavanderas y limpiadores de escaleras. Incluso el comandante de la casa, suerte de presidente del condominio, fue detenido porque era culpable de cualquier cosa. Nadie podía sentirse seguro.

Un cirujano que tuvo problemas en el edificio y debió abandonarlo, le contó a Joshua Yaffa lo siguiente: “El edificio fue concebido como un pedacito de cielo para los elegidos. Pero este edificio se alza sobre un terreno lúgubre, y sus residentes están condenados a padecer mucho dolor”.

La Bola De Fuego

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