No hay peor tristeza para el migrante que sus padres mueran tan lejos en Venezuela

 No hay peor tristeza para el migrante que sus padres mueran tan lejos en Venezuela

Por María L. Rodríguez.- Cientos de compatriotas pierden a sus seres queridos dentro y fuera del país, muchas historias conmovedoras de familias que han tenido que llorar en silencio y mostrar la gallardía de la que están hechos los venezolanos migrantes, que dejan sus hogares y brindan quizás el último abrazo, el último beso a sus seres queridos.

Tal como le sucedió a Yelitza, una joven venezolana, recién graduada como Técnico en Administración de Empresas, pero sin un futuro laboral rentable en el país, quien decide viajar en el 2019 junto a una de sus hermanas al Perú, como todos en la búsqueda de mejores oportunidades para ella y su familia.

Dejando en casa a sus padres y su abuela, sin imaginar siquiera que ese abrazo y ese adiós sería los últimos que daría a su mamá, quien más allá de su tristeza por ver partir a dos de sus hijas, se mostraba saludable físicamente.

Ya establecidas en la ciudad Piura al noroeste de Perú, y pasados dos meses aproximadamente, reciben la fatal noticia del fallecimiento de su madre, debido a un infarto fulminante, un duro golpe emocional, que se sumó a la incapacidad de viajar a dar cristiana sepultura. El poco dinero que tenían lo enviaron para cubrir los gastos fúnebres que en Venezuela se cobran en moneda extranjera y que tienen precios muy elevados.

Los meses posteriores al deceso de su mamá fueron muy difíciles, la comunicación entre ella y su hermana era casi nula, pues la tristeza y el llanto eran inevitables, durante las horas de trabajo hacían lo posible para mostrar la mejor actitud, pero en las noches era imposible no recordarla. Su hermana decide devolverse a Venezuela, y la soledad la hace más vulnerable emocionalmente. En diciembre de ese año viaja a pasar la temporada navideña con su papá y abuela, al llegar a su casa y no encontrarse con un abrazo y un beso de su madre la hizo pasar por una profunda depresión a tal punto que no pudo estar más de una semana allí. Ya ha pasado un año del fallecimiento, y el dolor continúa latente, ella regresó a Perú pues desde allí puede ayudar a su familia.

Roswell tiene una historia mucho más triste, luego de marcharse a Perú en el 2018 junto a su pareja, él docente y ella enfermera; les tocó vivir duras experiencias a su llegada a ese país, trabajar con vendedores informales en las calles y vivir del día a día, pero siempre con la convicción de que algo mejor vendría para ellos. Sin pensar que, a menos de un año de su partida de Venezuela, (octubre del 2018) fallecería su madre a causa de una extraña enfermedad, la cual no tuvo un diagnóstico definitivo.

Se vieron obligados a regresar para acompañar a su padre y a su hermana en el proceso de exhumación. Ante las circunstancias toma la decisión de irse a Bogotá-Colombia para estar un poco más cerca de su familia. En junio del 2019 la desgracia vuelve a tocar su hogar, ahora con el fallecimiento de su padre a consecuencia de un infarto. Sin razones para quedarse en el país regresa nuevamente a Colombia, para seguir sobreviviendo junto a su pareja.

Es una realidad que se vive diariamente en el país, algunos llegan en las horas postreras, otros se quedan solo con los recuerdos; lo cierto es que la muerte representa una de las tantas pruebas y tragedias a la que se enfrenta la sociedad venezolana.

Tras la pandemia, se aceleró esta calamidad social, lamentablemente muchos más fallecimientos se suman a la larga lista; en cualquier parte del mundo se tienen entre las víctimas algún ciudadano venezolano, que no se pudo despedir de sus familiares y no pudo regresar a su amada Venezuela.

La Bola De Fuego

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